Los coches autónomos, cada vez más cerca

Soy un apasionado de los coches. En concreto, de aquellos que son especiales por algo: los más rápidos, los más potentes, los que más aceleran, los más divertidos de conducir, los más bellos, los más lujosos, los más avanzados tecnológicamente, los más espectaculares… Los que me conocen saben que puedo llegar a ser muy pesado con el tema. Y si hay algo que prefiero a hablar de ellos, es conducirlos. Disfruto muchísimo al volante, incluso con aquellos que no tienen nada de especial y que jamás tendrías en tu garaje soñado. Y, en cambio, estoy a favor de la cada vez más próxima llegada de los coches autónomos.

Así se imagina Mercedes que serán los coches autónomos del futuro (concept Mercedes F015)

Mi postura en defensa de los vehículos autónomos la he adoptado a pesar de mi pasión por conducir, no porque considere a los coches simples electrodomésticos con ruedas o un invento del diablo para acabar con el planeta (hay gente para todo). Pero aunque algunos lo podamos echar de menos, conducir –al menos en la medida en que lo hemos hecho hasta ahora- va a ser cada vez menos frecuente. Y esto, a la larga, es algo bueno.

No cabe duda de que el automóvil ha permitido al hombre moverse con total libertad por casi cualquier rincón del mundo, sin las restricciones inherentes a otros medios de transporte como el tren o el avión. Sin embargo, esa libertad de movimientos, que viene dada por la completa autonomía del conductor frente al resto del entorno, es también la causa de que los accidentes de coche sean muchísimo más frecuentes que los de avión o tren. Es por esto que el avance tecnológico hacia un escenario de vehículos parcial o totalmente autónomos – en el cual estos puedan comunicarse entre ellos y con el entorno, así como circular por sí solos- tiene que ser acogido con la satisfacción de saber que la primera consecuencia de este gran cambio será la drástica disminución de fallecidos en la carretera.

El BMW M2 es uno de esos coches que te hacen desear que los coches autónomos tarden mucho en llegar...

El BMW M2 es uno de esos coches que te hacen desear que los coches autónomos tarden mucho en llegar…

La conducción autónoma requiere de una tecnología que, si bien aún necesita mejorar, ya ha logrado hitos que van demostrando cómo un vehículo autónomo será mejor conductor que un ser humano. Estos coches montarán múltiples sensores que les permitirán conocer velocidad, aceleración, trayectoria, estado de la calzada, posibles obstáculos, señales viales, estado del tráfico, etc, todo en ello al instante y con actualizaciones en centésimas de segundo.

Pero no sólo eso, sino que además compartirán toda esta información con el resto de vehículos en tiempo real. Esto supondrá que el vehículo en el que viajemos tomará las decisiones basándose en toda la información que recoja él mismo y la información recogida por 10, 200 o miles de coches más. Si siempre se ha dicho que para conducir de forma segura es muy importante anticiparse, es fácil imaginar las ventajas que brindan estas comunicaciones entre vehículos para que cada uno de ellos tome la mejor decisión en cada instante, sea esta acelerar, frenar, girar o tomar una ruta alternativa porque 30 km más adelante una veintena de vehículos ha avisado de que la carretera está cortada por obras.

La comunicación entre vehículos será básica en la conducción autónoma

La comunicación entre vehículos será básica en la conducción autónoma

Desde hace tiempo están sobre la mesa varias incógnitas sobre cómo dar el pistoletazo de salida a la conducción autónoma. La primera de ellas se refiere a la problemática asociada con la presumiblemente difícil convivencia entre coches autónomos y los que no lo sean. En un entorno de coches conectados entre sí y circulando por tanto coordinados con cierta  exactitud matemática, los coches dirigidos por personas serían variables aleatorias que seguro perjudicarían  la correcta circulación del conjunto.

Para afrontar este problema, parece que lo más recomendable es avanzar progresivamente en su implementación, de manera que el escenario no sea de coches autónomos circulando junto a coches no autónomos, sino que pasemos por varias etapas intermedias de coches asistidos, esto es, con personas conduciendo pero con unos niveles cada vez más altos de asistencias electrónicas a la conducción que con el tiempo acaben derivando en conducción completamente autónoma.

Este planteamiento se ve ya refrendado de forma natural en las carreteras. Tesla tiene su avanzado y ya famoso sistema Autopilot (ver vídeo a continuación), pero muchas otras marcas ya permiten montar en sus vehículos sistemas que mantienen el vehículo en su carril, controlan su velocidad respecto al vehículo precedente, aparcan el vehículo sin ayudas o detectan la presencia de un vehículo en el ángulo muerto. Conforme avancen en su desarrollo estas tecnologías irán relegando cada vez más al conductor hacia un rol de supervisor y finalmente de simple pasajero.

Otro de los grandes asuntos a tratar es el referente a la regulación de las administraciones y los requisitos legales. Tener circulando vehículos que conducen por sí mismos conlleva que las administraciones gubernamentales, las compañías aseguradoras y las leyes se adapten en consecuencia. De nada sirve tener la tecnología necesaria si las administraciones no permiten que el coche pueda circular sin nadie al volante. Al mismo tiempo, hace falta definir las diferentes responsabilidades que tendrían el conductor-pasajero y el fabricante del vehículo ante un eventual accidente.

Uno de los puntos calientes respecto a la tecnología empleada en estos vehículos autónomos se refiere al desarrollo individualista que está llevando a cabo cada compañía. Como es lógico, las empresas deben proteger sus investigaciones y conocimientos frente a la competencia, pero si vamos a tener vehículos diferentes circulando por sí mismos y compartiendo información, serán necesarios una serie de protocolos comunes para permitir que la comunicación e interacción entre ellos sea del todo efectiva y ecuánime. Ya hay quien ha optado por un desarrollo de código abierto que permita a cualquiera utilizar y modificar la información obtenida durante las pruebas del vehículo y así crear un repositorio común capaz de impulsar las mejoras en este campo.

Este Lincoln MKZ de Udacity está siendo programado con código abierto

Este Lincoln MKZ de Udacity está siendo programado con código abierto

Las trabas relacionadas con la tecnología -además de aquellas relacionadas con los todavía frecuentes errores de los sensores bajo circunstancias adversas como lluvia, nieve o niebla- nos llevan incluso a hablar de la programación de estos vehículos desde un punto de vista ético. Y es que, ante el hipotético escenario en el que el vehículo fuese a gran velocidad y de repente apareciese alguien delante, el vehículo podría encontrarse ante la disyuntiva de estrellar el coche y por tanto a sus ocupantes (si las condiciones en la vía no permiten otra cosa) o atropellar a quien se encuentra indebidamente en la calzada.

El tema se ha estudiado mucho desde diversas instituciones (aquí, por ejemplo) y no hay consenso posible a la vista, aunque alguna voz autorizada ya ha manifestado su opinión a favor de que el coche prime aquello sobre lo que tiene cierto control para poder realmente proteger, que son sus ocupantes. Por tu parte, si te pica la curiosidad puedes participar en un estudio del MIT que, mediante un test, evalúa las decisiones morales que tomaríamos los seres humanos ante este tipo de dilemas. Por otro lado si, como decíamos antes, cada fabricante desarrolla su propio software, ¿podríamos encontrarnos con que unas marcas favorecen ante esta disyuntiva a los ocupantes y otras marcas a los peatones?

El estudio del MIT plantea un test moral de díficiles respuestas

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Como ves, no son pocos los flecos que quedan por atar para que los coches autónomos empiecen a circular por nuestras carreteras. No obstante, se están dedicando muchos recursos a conseguirlo y posiblemente en pocos años veamos cómo muchos de los sistemas de asistencia a la conducción mejoran y se democratizan, instalándose por norma en todos los coches, como ya pasó hace unos años con el control electrónico de estabilidad (ESP).

Algunas marcas apuntan a 2020 como fecha de inicio de la conducción asistida, donde el coche lleve el control pero siempre con un conductor sentado al volante supervisando el trayecto. Pocas décadas después, podría llegar ya el momento en que los coches sean totalmente autónomos y nosotros nos limitemos a ser pasajeros del vehículo. Los trayectos serán más eficientes, más seguros, más relajados y más aprovechables –piensa en el tiempo extra que tendrás para hacer lo que te plazca mientras el coche te lleva a tu destino.

El coche autónomo de Google lleva recorridos ya más de 3,5 millones de km en pruebas

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Los coches autónomos significarán un cambio disruptivo en la sociedad moderna que a buen seguro traerá consigo nuevos desarrollos tecnológicos y novedosos modelos de negocio. Está en manos de todos aprovechar las oportunidades que la innovación tecnológica nos ofrece. Y si, como yo, eres además un enamorado de los coches y la conducción, siempre podrás seguir disfrutando de ello en los circuitos.

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